MURO

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El fino polvo cae al suelo mientras el agujero se hace mayor. Todos los días las desesperada comezón provoca que se acerque al muro de ladrillos y su uña rasque el mismo hoyo que encontró desde el día que él la abandonó.

Su índice terracota ya no se despinta, está reseco con el pedazo que queda de uña levantada. No ha logrado carcomer el muro lo suficiente para hacer una cuna, un lugar más suave que la realidad.

Quiere roer su muro de consuelo como lo hacen las ratas.

Petrificarse de una vez sería más sencillo.

Espera con ansia que un día la pared la absorba, se la trague, que sus manos de tierra infértil sean uno más de los bloques.

Envidia a la araña del rincón por diminuta, acostumbrada a vivir en soledad.

No lo puede admitir.

Quedó arrinconada con la mirada en las sombras de los pasos de él, llorando lágrimas de palabras mudas.

Ha sellado su boca con la frase que él le bordó en los labios: “así tiene que ser…”

Helada, casi rígida, con los pechos secos, amamanta a su cría con leche amarga.

Ha llovido tanto que los ladrillos se cubren de un musgo negro y podrido.

La cría llora amoratada en el abandono de su madre que alucina en la mutación imposible de su cuerpo, en la construcción de una cuna de piedra.

Ya no has gritos en su garganta, los ha lanzado todos. El muro se los ha callado sin piedad.

Sus piernas se doblan entre la mierda.

No hay tiempo ni fuerza.

Su única esperanza es un llanto hambriento que no podrá calmar.

Sus pechos sangran las últimas gotas.

La cría bebe desesperada de un cuerpo inmóvil de quijadas endurecidas, de un muro de piel enmohecido.

El tiempo se acabó.

Los gritos no llegaron nunca.

El no vuelve más.

No hay cuna para la solitaria cría.

 

Aragón

260720102142

 

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Comentarios

Da pavor leer, porque la destrucción avanza imparable, la peste negra del ánimo avanza extendiéndose por el organismo.

Es soledad y muerte y muerte. Y muerte entra por los ojos. Y yo, un peón de la construcción, intentando tapar el muro con una cal viva que derrite mis manos.

El dolor y la soledad se contagian; pero por tu arte, Reina Aragón.


Es pura y dura introspección. Quien escribe así, tiene que saber que es el dolor. El más extremo, el más enloquecedor.

Petons en el alma y en el cuerpo.

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    Felicidades, al autor de este relato.

                                                                            Lola

       

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