Espartaco.

 

 

¡Quítame de esta condición!, otórgame la libertad que dibujan tus manos, dame la fuerza de tu mirada, la valentía enredada en tus brazos.  No podré ser nunca una guerrera. Soy tan débil  y fui criada en el gris universo de la esclavitud. Soy un trozo de carne par muchos, hacedora de sus culpas…¡Te gusta tanto lo simple!

Mi Espartaco… mírame que los ojos te suplican, te han buscado por años. Ellos no pierden esperanza.

He visto el sello de tu fuerza dibujada en cada músculo tuyo. Si me vieras ahora… cada uno de ellos se tensaría al inyectarse la rabia de vernos así: una abrazada de la otra.

¡No quiero parir! Quiero en lugar de vientre una marsupia eterna donde pueda esconder a tu hija de todos y morir o mantar antes de que la toquen.

Tengo miedo y sé que llegas a sentirlo, y sé que lo sabes, y sé que lo vives.

Me han doblado los brazos y mi piel tiene marcas de tejidos revueltos y reventados. Cuando quieren desahogar sus rabias soy la mejor esclava, el mejor trozo de carne…¡pero ella no!

¡Mi guerrero, rompe con tus flechas sus corazones, corta sus cabezas infectas, riega con sus envenenadas sangres los pisos, mutila sus lenguas putrefactas!

Siglos de gladiador te harán vencer.

“De ángelus espartacus”… mi frase favorita, la conciencia ancestral no se borra y te reconoció en este camino. No llegues tarde, quisiera entregarte a tu hija y si fuera mucho, regalarte el aliento último.

¡Sálvala! Aléjala de los lobos.

Este mundo no es nuestro y a mí se me termina la fuerza cuando complican mi cordura.

Estiro mi mirada en un astro distinto cada noche, ¡son tantos, amor! pero no coincido con el calor de tus labios.

Irse a dormir no es un descanso, es una triste resignación para el alma…

Y si el permiso de vida me lo quitan antes de tiempo, mi princesa sabrá el camino. Llevará de alguna forma mi esencia, te la entregará para así, al fin ser salvada y otorgarle a este amor la verdadera libertad.

 

Aragón

190520102015

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Cada palabra es una imagen, cada imagen una emoción que se aloja en algún lugar de mi organismo al cual no llego para sanar.

Porque todo esa angustia descrita, todo esas imágenes de amor y entrega y miedo y ansiedad, laceran la piel del alma

Y Espartaco siente que todo está mal, y Espartaco siente que todo está bien, y Espartaco siente a la pequeña en sus brazos y tiene las manos manchadas de la sangre de los lobos. Los labios doloridos de besar a la esclava que es su ama.

Y Espartaco...

No quiero nunca llegar al final, no quiero que se acabe el relato. Quisiera estar siempre ahí, en ese mundo imaginando y sintiendo sumergido en tus letras.

Incluso lo más horrible y angustioso, envuelves de una ternura y amor que encoge el corazón.

Ya hace un mes y una semana, treinta y ocho días... Y estáis preciosas.

Espartaco sonríe feliz.

Mil besos, mi reina Aragón.

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