En la vida de los humanos, el origen de sus romances son casos únicos. No importa cuántos hayan sido: ninguno empezó igual. Como ningún origen se repite, no pueden tener el mismo desarrollo, ni el mismo trato, ni el mismo final, menos el encanto sutil y peculiar que los envuelve: el lenguaje.
Nada une más a la pareja que la palabra o la frase amorosa dicha en el tono y el momento preciso. No importa si es verdad o mentira, si está dicha con oportunidad es suficiente.
En la relación amorosa, el aspecto físico y el carácter de sus protagonistas pueden repetirse, pero las circunstancias de su origen no. Por tanto, el trato y el lenguaje serán diferentes.
Mi amigo José, por ejemplo, a una de sus enamoradas le decía “amorcito”, con una entonación reservada sólo para ella, que era morena y delgada. Morena y delgada era también Teresa, su primera esposa, pero a ella le decía “negrita”. Ambas, físicamente eran similares, pero el trato y el lenguaje que usaba para dirigirse a ellas era muy diferente; no obstante que provenía de la misma persona.
La explicación de lo anterior está en que, ambas relaciones fueron resultado de circunstancias distintas. La diferencia entre un amor y otro, no es que se cambia de pareja, en todo caso no es eso solamente, la diferencia está en que la circunstancia que motivó el origen es distinta.
Cada relación de amor, crea desde el origen sus propios códigos, su propio lenguaje, su propio trato y sus propias reglas. Y sirve solamente para esa relación. Esto se hace evidente cuando alguien de la pareja (hombre o mujer), mantiene relaciones paralelas con dos o más. A cada una sin esfuerzo, desde luego, la trata y le habla de manera distinta. Cuando el trato y el lenguaje de una, por equivocación, la emplea en otra, se falta a la regla, se rompe la costumbre y surgen los conflictos. Esto no es porque cada uno tenga gustos diferentes, es porque cada relación amorosa en su origen fue diferente y creó su propio trato y sus propias reglas, las que tácitamente se comprometen a cumplir, mientras dure la relación.
Alfredo, acostumbrado a dormir al lado derecho de su cama, un día conoció a una mujer y la llevó a su habitación. Por esas cosas del azar que nadie explica, ella ocupó esa noche el lado derecho de la cama y allí amaneció. Desde entonces, cada vez que se repetía el encuentro, Alfredo tenia que dormir al lado izquierdo y continuó así el resto de su vida, porque un día aquella mujer llegó a su casa para quedarse.
Es la circunstancia única e irrepetible que aconteció en el origen de la relación, la que marcó la diferencia en el trato, lenguaje y costumbre, para siempre.(erubiodiaz@yahoo.es)
-----------------El Amor previo a todo, tiene diferente seudoamores: ilusiones, idolatraciones, etc. EL LENGUAJE, del Amor, es estar receptivo a lo que dicen y como clave esencial vale , ponernos en su lugar: comunicarnos constructivamente -permitiéndonos reforzar los vinculos- El lenguaje en el Amor, acontece en mi ser, igual, porque es manifestación genuina de lo que llevo por dentro.
No acostumbro, en términos de Amor, a llamar a mi compañero, igual que a todos, por ejemplo: por lo general llamo Papito o mamita a todos, a mi Amor Papy. La costumbre me asfixia, por no decir me derrota emocionalmente, vas a él, por costumbre, vaya, que dolor. Pero si vas a él pues te gusta y ya lo aprendistes a Amar, eso es rico, asi se vive. CHAO
tu articulo muestra un detalle muy importante respecto de las relaciones humanas..se dan de cierta manera y en ciertas circunstancias unicas e irrepetibles ..aunque se parezacn muchisimo...nunca son iguales..
me gusto leer lo que escribistes....
saludos.
Paolita
Muy bueno tu articulo, pero a mi punto de vista el lenguaje en el amor o en la pareja es muy dificil pues se llegan a cambiar los terminos sin darte cuenta.