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Una noche fría de un mes cualquiera... No es primera vez que sucede en mi bitácora frente a la pantalla del computador, pero hace tiempo que mi vida era pantalla de predicador.
Visité una página cualquiera, hice una búsqueda cualquiera y encontré escritos... en mi idioma. He aquí, el resultado del díálogo entre dos desconocidos que no necesitaron round de estudio. Milita_Babilónica y su invitación a un rincón en que la noche al parecer no es llena de focos, sino lo que decía ser... y aquí tienen a otro más, que quiere volver a lo que dejó inconcluso a los 17, por pensar demasiado en el futuro.

A modo de manifiesto, el relato que no pertenecía al blog que causó este arribo, un lugar donde estaba contando qué hacía un actor ciego en el aprendizaje de un papel con delantal blanco manchado de mentiras acerca de la palabra "sanar" y de dolores prolongados por la analgesia física.

 

Soneto preliminar. (Masaje poético y respiración lengua a lengua).

 

Era el mismo furioso y cruel destino
cobrando su tributo rubicundo;
un beso de cristal nauseabundo
y las llagas prosiguen su camino.

Solitario acababa cantarino
de arquear pura esencia del profundo
sufrimiento repartido por el mundo
con rostro de burdel, progreso y vino.

Hoy huelo su cuerpo frío, mancillado
por faldas de gitana sobre el altar,
bajo el sudario gime Aries carnal.

El Bien ha visto como degollado
su emisario Amor vuelve a fallar,
Desvirgada es feliz, fuerte, infernal.

 

Trenza de la dama abortada. (Experimento desde la traición)

 

Orquesta melancólica
en un tiempo sin secretos.

Corre, llama a sus padres,
relaciona objetos con sus representaciones de lágrimas refractarias
a la luz;
se esconde,
ama sin reserva;
delfín sideral,
rasgado por monótonos pensamientos.

La piel es raiz
de la caída de paredes anacrónicas.

Marcha nupcial.

Felicidad frente a mil desconocidos
y un intruso voyerista
atrapado en los discursos de lomito y prieta
del destete.

El vestido resiste la tormenta de espaldas.

Aplausos. Director alzando su revólver, silencio.

Sueña con los lazos de la mugre más fértil;
se aplica vendaval de cerezas
en sus mejillas de bosque nevado,
siente el palpitar del rocío a tres cuartos,
se permite la putrefacción tánica
y vuelve al cristal.

Su pañuelo es la antesala del hierro definitivo,
oreja al cuervo blanco,
sangre en cáliz sin archienemigo.

Telón sobre el roble lustroso, Gravedad, sueño.

Almendras bajo el aguacero,
cegadas por cinco rosas,
se aferra a espuma de un torrente
morcelado,
viaja por serpientes atadas
entre lenguas y colas,
pide un mensaje,
no confía en destinos.

Descalza despierta a los juglares,
dulce marioneta del viento,
capturada por el falso puerto.

Queda un sombrero, seis cuerdas,
un sordo anhelo ahogado en inocencia,
cofradías de peregrinaje hacia olvidos,
ínfimo rasguño al sectario engranaje.

Huesos grises, dolor eléctrico,
el respiro es saltar al firmamento:
cada estrella ha muerto con tu inconsecuente
hasta luego.

Vivaz acude al orgasmo impostergable
del último lamento.
Y lo sepulta junto a los futuros besos.

Bárbaro gemelo, ve a invadir el desconcierto de la matriz
y reúne los diversos vacíos
que desea la descuartizada.

 

 

Identificación extraviada, llamémosle según sus atributos más adelante.
Nace de los misterios, sin tiempo para recordar,
miente el par de lechos excavados por lágrimas;
ha perdido su código de barras por mudas y reinvenciones
en la residencia demente sutil, lejos de sí.

Ingresa un día de tardío despertar
partiendo al horizonte fractal
que motiva la incandescencia confusa que trae su cuerpo al estrado.

Niña, saltando en las cuerdas del titiritero,
cayó sacudiéndose el polvo de sueños trazados,
su herida es puñal
que arma al Némesis que la ronda en su espejo.
Desde el fin del juego trenza las cascadas
delimitando el silencio eléctrico,
incompatible con la vida
del raspe y siga participando.
Alivio parcial con cartas traslúcidas
y ladridos del silbato caramelo.

Sin embargo, una vez reconocida en la fiesta del pudor
se asocia cuadro de rápida involución;
las cadenas se tornaron cicatrices y jaulas,
el aire sentía el abandono y partía a otros planetas,
larvas de curiosidad chapoteaban en crisoles del deseo.

Sobre la marcha consume abrazos e ilusiones,
atrae amistades de la más diversa factura y fecha de caducidad;
atención primitiva que no resuelve la ansiedad,
vida media tan escuálida sin efectos creativos.
Es derivada repetidamente a las trincheras,
debiendo cazar ajena trascendencia.

Ingresa acondicionada en general para vigilar el hostil medio,
con altos requerimientos de dicha,
vía etérea expedita, circulando entredichos:
latidos a ritmo de expulsar
el ánima sin oxígeno.
Un frío Caronte en los mares de la nada
reconoce la gravedad de sus lesiones,
ordena vía amplia para infusión de sentimientos,
invoca ángeles, solicita un lugar:
en Edén ya no hay cupo, habrá que volar.

Progresa y pide nueva hora y lugar,
ya no se llama universo este edificio;
lo imaginario destrozó el cartel alucinatorio,
el alimento cuelga de raíces grises.
Queda bajo un régimen infinito;
la muerte no busca tolerancia,
ya asumida inalienable,
esencia de sonrisas quiméricas
ante la proximidad de los amados.

Sucediendo al traslado urgente
a un juego interior sin reglas ni impresiones,
comienza a disminuir apoyos,
al fin descontextualizada;
cabellera en manos de titiritero, excepto hoy,
calva ahuyenta su cáncer de alma.
Resuena el monitor de alaridos secretos,
su línea artera describe tensiones del ayer,
los sensores reposan sobre añoranzas sin pulso.
Despierta
y la luz duele unos momentos.
Bienvenida verdad, adiós terror.

No obstante la sangre quiso pintar un rosario,
decir su versión sobre las sábanas.
Si ha regresado el existir,
tal vez deba pagar sueldo en base a frases de hojalata
a la idea extinta de sobrevivir.
El banco acusa recibo y envía lo pedido;
bastará pedir públicamente el mareo de los embebidos
en furor de cualquier grupo,
al callar un destino despiadado
de balas doradas y amarga champaña.
Unas vidas más de espera, que importa,
el evento de rezar y ser oído ha expirado,
mas cualquiera es punto de retorno.

Finalmente el blanco Pangea forma un arcoiris
y las calles encuentran unos pasos de cristal.
Indicada, para estar en control de las ideas,
vigilar que la oscuridad no esté grabada en su piel,
descubrir que una pausa cada algunas horas no es pérdida,
sentir de vez en cuando un latido en su pecho,
tal vez dos;
soñar sin quejidos, endulzar una vía.

Es indicada, ahora, a permanencia.


* Epicrisis: resumen de hospitalización que se entrega a una persona que se va de alta.
Datos, motivo de consulta, historia remota, inicio del cuadro agudo, atenciones previas, examen en la sala de urgencia, transición (traslado), días en Intensivos, estadía en sala común (incluye transfusión), indicaciones al alta, receta.

 

 

Despertar común, ansiedad
de partir,
incansable acción de los mimos,
sonrisa predilecta
bajo el perfume de las copias de humano.

Una vez más, espejos y parlantes,
la nube de algodones y poliester,
callando la chispa del codo o la suela imprudente
hasta la próxima estación.
Asfixia inminente,
el olvido se lleva las tarjetas de crédito,
un sueño rematado
y el suspiro
imposible.
Risas y maní,
un café apurado por la línea endulzada
con astillas
del columpio alborotado por el viento excluido
de este juego:
ausencia presente.

No hace falta el cataclismo,
la selección naturalmente
es silente;
las líneas en el pavimento se hacen profundas,
graves,
por una lágrima inundadas
en el boulevard de sus mejillas.

Salta, corre, alucina.
Es una orden,
¿entiendes?

Eres cigarrillo consumido en medianoche;
yaces entre escombros,
hombres de rojo desempolvan tu retrato.
No era necesario espantar así a los grillos.

 

 

Un impacto de luces adormiladas.
El silencio impera bajo la ley del futuro inmediato,
persiguiendo a muerte
cadencias nerviosas,
La niebla titiritera de sueños privados,
autoayuda y rebeldía,
sonríe al estruendo ahogado.

Un, dos, un, dos,
restauración cataclísmica por sólo estar;
invasión cósmica,
privilegio del olvido
sobre la faz del asombro.
Dejo llevar mi ser durante tu aparición,
viajo por los mares de Caronte sin infierno,
encuentro un cuerpo de ámbar
en la orilla equivocada;
es el mío tras desafiar las cumbres
sin tu momento.

Sigo y te persigo,
tal vez me robaste un anhelo;
atención por sospecha
o pasión vagabunda,
da casi lo mismo.
En cuanto a sumar un aplauso o mil ángeles guardianes,
la mitología puede darte pistas,
mas un secreto muere al ser descrito;
es el mareo pasajero de la poesía.
Estoy de nuevo frente a ti,
acariciando tu caída incandescente,
no despierto a la terca coherencia:
sólo creo en tu alma Roseta
cuando encuentra un mensaje de amor.

Eres esa gracia fugaz
que entristece mi siguiente amanecer,
al son del recuerdo.
Eres esa gracia fugaz
que reestrena una mirada del mundo
con dirección a los deseos.

 

 

Lees, gemelo parásito,
tu sentencia de exilio. 

Obtendremos de todo esto un náufrago. 
Libre. 
Al menos aprenderá a lavarse los dientes 
después de cada palabra. 

Estrella. Cepillo 
Hogar, Cepillo 
Velas. Cepillo. 

Beso. Enjuague bucal. 

Al menos aprenderá a hilar dos palabras 
que tú divorciabas 
como saludo al profesor de primer grado. 

Te amo. Hilo dental y cepillo. 

Sangre. 

A la mierda los dientes, 
más importante es dormir sin órdenes previas. 

Se arrastra, no importa. 
Gemelo infame, 
sin alas de chocolate 
no habrá brujería. 

No habrá alma vacía.

 

 

Atrapado en el ícono
mientras un detestable cortejo de lenguas ligeras 
vuelve a saquear el tiempo. 
Quisiera escoger mis calcetines. 

El zumbido de una queja 
despierta al martillo lustroso. 
Un índice desmembrado 
perforó el espejo, 
ha firmado la roja declaración. 
Persevera, sin espacio para estrategias, 
perversa se cubre de sagrados trapos 
bajo pretexto de un amor ultrajado. 
Vergüenza turquesa, 
grises argumentos y punzante sollozo. 
¿Eras tú la que decía imponer condiciones? 
Valor del silencio, acabas en quiebra 
a manos del número objetado, 
azotado 
por la egolatría. 

Mírate, denunciante. 
Has omitido las cuerdas de tu ser, 
aquel de la sinfonía entre mis manos, 
del suspiro entrecortado 
por humos de ternura y perdición. 
Olvidas cada ruta 
que pudiste tomar si no dejabas a tu mente 
varada en el pantano amigo; 
el cocodrilo desgarró presentes sólidos 
y tú aún refrigeras carroña. 

Siente el odio del trébol primaveral, 
acusa recibo del desierto que persiste 
a las conquistas y destierros de la humanidad. 
Recibe los anhelos sin el límite de un nombre, 
danzas iniciadas sin decretos 
que acaben entre cielos de chocolate 
y puñaladas de fuego consumado. 

Ya es verano, quisiera devolver a la tienda 
los calcetines. 
Camino a la vista de lo eterno, 
soy suspiro y ley de niebla. 
Lo que tuviste enfrente 
fue ilusión de voz grave ajena. 
Lo que marchita tu cuerpo cada día 
es el vacío, 
eres tú.

 

 

Las fuerzas no son infinitas
y se utilizan en correr,
escapar, llorar.

Ni más ni menos que una grieta
en las vidas
dos minutos y fracción de sorpresa anunciable;
tres opciones:
negar y aferrarse al pasado o al futuro,
aterrarse y esperar que alguien haga el salve,
moverse y no resistir las ondas repentinas.

Formas dramáticas, escena múltiple;
nadie decanta las mil rocas flotantes
que filman y exhiben desnudas.
Trágica incertidumbre, 
malévolas fallas de supervisión,
infames búsquedas de atención y lástima propias,
alevoso clamor de justicia y defensa.
Marea alta de salvados conmovidos
y un símbolo rasgado y embarrado
reemplaza
la luna llena,

Hasta que el humo es blanco
y los nombres elegidos 
por el Nirvana
se trasmiten al viento.

Asfixia, lamento;
quisiera ser mariposa 
y sobrevivir a la pisada futura,
reunir sus pétalos que la tierra marchita
consume en cada acomodamiento
y reconstruir con ellos mi paz..
Vayan, ustedes
que respiran lágrimas de televisor,
pueden acarrearlas embotelladas 
donde hay sed de amor.
Aquí, sin transporte para un recuerdo propio
que no puedo donar 
a pesar de ser imperecible,
espero el recuperar la energía
a través de un adiós,
encontrar su trazo de alegría 
bajo el escombro
y dibujar con éste un nuevo sol.


Para M. Teresa Naranjo, los otros 496 (bueno, incluyendo a los infartados que se infartarían de todas maneras esa madrugada), los que aún están sin nombre en un refrigerador y los que el mar se ha llevado para siempre ese 27 de febrero. 

(érase una vez ning)

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