El psicriatico

Antonio y Luis miraban fijamente la puerta del banco, Anabel sabía lo que tenía que hacer, tenía que  mantener el coche en marcha, mientras los dos hermanos cargaron sus armas se dispusieron a entrar  en el banco, salieron del coche y se dirigieron hacia la puerta del banco mientras se cubrían con un pasamontañas entrando detrás de una clienta que una vez en el interior empujaron al suelo.

---QUIETO TODO EL MUNDO, ESTO ES UN ATRACO.

Un vigilante de seguridad intento sacar su arma cuando Antonio certeramente le metió una bala entre los ojos cayendo al suelo muerto, cuando dejo de resonar el sonido del disparo la gente con más miedo que valentía se echaron al suelo quedando de pie el director de la oficina bancaria.

---Por favor no se preocupen, accederemos a sus peticiones.

--- ¿QUIEN COÑO ERES TU?

---Verán, soy el director del banco y les ruego que miren por el bien de la clientela, ya han matado a una persona, no quisiera que hubieran mas victimas.

---PUES ENTONCES META TODO EL DINERO EN ESTAS BOLSAS, CUANDO ANTES ACABE ANTES NOS IREMOS.

El director quiso ganar tiempo cogiendo el dinero de las cajas lentamente cuando el cañón de la pistola aun caliente se alojo en su nuca.

---MAS DEPRISA, NO TENGO MUCHO TIEMPO.

El director acelero su ritmo terminando de llenar las bolsas con el dinero de las cajas y  del de la caja fuerte que estaba abierta en ese momento.

---VALE, QUE NADIE SE MUEVA Y NO PASARA NADA.

Cogiendo las bolsas salieron corriendo entrando en el coche en el que Anabel metiendo una marcha arranco a gran velocidad mientras escuchaban unas sirenas lejanas de la policía, giraron una calle tras otra en dirección a un polígono industrial entrando en una nave abandonada donde detuvieron el coche al lado de otro vehículo que parecía que les estaba esperando.

---Venga daros prisa, la pasma ya estará cerca.

Anabel y Luis pasaron las bolsas del dinero al otro vehículo mientras que Antonio esperaba a que terminasen para rociarlo con gasolina y prenderle fuego.

Salieron de la nave abandonada despacio mientras veían como el fuego crecía en su interior, iban despacio sin llamar la atención buscando la salida de Valencia en dirección a Madrid por carreteras secundarias, no podían correr riesgos a ser parados por la policía de tráfico, iban en silencio mientras que Antonio buscaba una emisora de radio.

---Vaya  mierda, no cogemos ninguna emisora.

---Pues pon un CD.

Contesto Luis mientras se encendía un cigarro.

---No me seas imbécil, quiero saber las noticias, seguro que nos están buscando.

---Si no hubieras matado al vigilante…

---No me digas, atracamos un banco y piensas que no nos buscaran, aunque no lo hubiese matado también nos buscarían, es que pareces tonto.

---Ya pero te lo cargaste.

---Saco su pistola, era él o nosotros.

Anabel intento deshacer la discusión.

---Bueno dejad ya de discutir, que sois hermanos, lo hecho hecho esta y no hay vuelta atrás.

---Tienes toda la razón, ahora hay que esconderse unos días antes de volver a casa.

De pronto una emisora se conecto mientras sonaba la música, el silencio volvió a reinar hasta que la música ceso para dar paso al parte radiofónico.

---La policía sigue con la búsqueda de unos atracadores que robaron en una sucursal bancaria de Valencia, mientras la policía visiona las cámaras de seguridad se encontró el coche del atraco en una nave abandonada del polígono industrial de la salud, mientras el cuerpo del vigilante fue llevado al anatómico forense donde se le realizara la autopsia, mientras la guardia civil controla todas las salidas de Valencia para dar con el paradero de los asesinos.

Las noticias siguieron con otros temas mientras los tres se miraban sin decir nada, solo Luis se encendió otro cigarrillo.

Después de un par de horas pararon en un pueblo, las noticias de la radio les preocupo y decidieron aprovisionarse de tabaco y comida para varios días, Antonio y Anabel entraron en un pequeño comercio mientras que Luis se fue a buscar un estanco, no podía estar sin tabaco, estando en la tienda entro un viejo guardia civil que entablo conversación con el propietario del comercio.

---Que tal Eusebio.

---Mal, tenemos que echarnos a la carretera.

---Eso porque, ¿Qué problema hay?

---Tenemos que vigilar todos los caminos, hay que buscar a los atracadores del banco de la capital.

---Cuales,  los que mataron al vigilante…

---Los mismos, tenemos orden de controlar todos los caminos, pero no nosotros solos si no todos los pueblos de la comarca.

---Pues os han fastidiado el fin de semana.

---Ya lo creo, bueno me voy que tengo que organizar todo.

Antonio y Anabel escucharon toda la conversación y fue una suerte porque estaban sobre aviso, sin prisa compraron comida para varios días y sin despertar sospechas salieron despacio del comercio esperando en el coche la llegada de Luis, el que llego a los pocos minutos.

---Venga rápido, tenemos que salir de aquí.

--- ¿A qué viene tanta prisa?

---Nos están buscando toda la guardia civil, están cerrando todos los caminos.

---Pues entonces no perdamos tiempo.

Anabel arranco el coche y buscaron la salida del pueblo más cercana, salieron del pueblo por una carretera mal asfaltada pero que les sacaba del pueblo y estaban seguros de que les llevaría lejos de allí, siguieron por aquel camino entre montañas rodeados de pinos y matorrales que daban una belleza espectacular a aquel paisaje, pero ellos no prestaban atención, solo estaban pendientes por si veían a la policía, aquel camino no tenia salida solo les llevaba a una dirección y esta era un gran edificio que parecía un hospital, a medida que se acercaban seguían sin creerse que coño hacia un hospital en medio del bosque hasta que estuvieron bastante cerca para averiguar lo que en verdad era, pararon el coche en la misma puerta y leyeron lo que en verdad era.

HOSPITAL PSICRIATICO DE SANTA MARIA

Los tres miraron la inmensidad del edificio que tenían en frente aunque solo Antonio veía que era un sitio estupendo para esconderse por unos días, cuando de pronto Luis saco el arma y disparo contra una de las ventanas sin dar tiempo a Antonio a pararle.

--- ¿Qué coño has hecho? eres un estúpido.

---Me ha parecido ver a alguien.

---Mira esto tiene pinta de estar abandonado y después del disparo estoy más seguro de que no hay nadie, hubiera salido aunque fuera el de seguridad, pero no quita el que haya algún vagabundo, así que buscaremos por todo el edificio a ver a quien encontramos.

Se dirigieron hacia la entrada encontrándose un mostrador de información vacio, solo papeles por el suelo y la suciedad acumulada durante años les aseguraba que efectivamente no había nadie, Anabel se quedo en la planta baja mientras que los dos hermanos se dedicaron a registrar las plantas altas, Anabel recorrió la parte de las consultas viendo como las estanterías usadas como farmacias estaban destruidas y vacías, llego hasta la sala en donde los enfermos pasarían los días entretenidos y quizás alguno mirando a algún punto incoherente, la verdad es que sintió un estremecimiento en aquella sala, era como si hubiera alguien, pero estaba completamente vacía,  después paso  por el comedor, estando igual de vacío y desolado como el resto del hospital, por una puerta de doble hoja paso a la cocina donde una insultante rata le haría gritar haciendo huir al roedor, la cocina estaba completamente desvalijada, los pocos muebles que quedaban estaban completamente podridos por el paso del tiempo y el abandono, topo de pronto con las puertas de las cámaras frigoríficas donde el olor a abandono casi le hace vomitar, pero aun saco valor y entro en una de ellas viendo como aun quedaba unas pocas cajas de alimentos completamente pasados y resecos, se giro para salir de allí cuando de pronto la puerta se cerró delante de ella, corrió hacia la puerta intentando abrirla pero le fue imposible, la puerta era de las antiguas y no tenían apertura por dentro solo desde el exterior, comenzó a gritar y golpear sin parar pensando que no la buscarían o que pasarían horas hasta que reparasen de su falta.

Luis se encargo de la primera planta donde estaban ubicados la sala de rayos varias consultas y un par de quirófanos, recorrió aquellas salas vacías completamente abandonadas y vacías, solo la suciedad acumulada reinaba en aquellas estancias, busco algo útil pero no encontró nada solo montones de papeles tirados por el suelo, cogió un puñado y los leyó, eran historiales de pacientes que habían pasado por allí, sus enfermedades tratamientos y unas pequeñas fotos, miro las fechas dándose cuenta de que hacía muchos años que ese hospital había sido abandonado, recorrió todas las puertas hasta encontrarse con una puerta doble de hierro, intento abrirla dándose cuenta de que estaba cerrada con llave, busco algo para golpear pero al no encontrar nada desistió.

Antonio recorrió las plantas altas que correspondía a las habitaciones, repaso una por una viendo el grado de abandono en ellas, colchones tirados y camastros metálicos oxidados fue lo único que encontró, llego a una de las alas del edificio en que encontró algo que le sorprendió, eran camas habilitadas con correas anchas de cuero con doble hebilla oxidadas por el paso del tiempo, en algunas habitaciones no habían camas pero las correas estabas colgadas de las paredes dándoles un aspecto siniestro, Luis subió para ayudarle con las habitaciones que quedaban y al acabar subieron a la azotea, parecía mentira que en ese abandonado edificio hubiera una vista tan hermosa de la montaña, estaban ensimismados con el paisaje cuando se percataron de que a lo lejos estaba la guardia civil de montaña con sus motos de campo rebuscando hasta el último centímetro de aquel bosque, lo que no se percataron era de que no se acercaban a los dominios del hospital, era como si fuera invisible a los ojos de la policía, como si no quisieran acercarse al mismo, pero lo que no sabían ni Luis ni Antonio era el pasado del hospital y lo sucedido en el mismo, algo tan cruel que hizo que la gente se olvidara de que entre esas montañas hubo alguna vez un hospital spicriatico.

Antonio y Luis bajaron corriendo las escaleras, Luis salió para esconder el coche mientras que Antonio buscaba a Anabel, la busco por la planta baja sin encontrarla, hasta grito su nombre ya preocupado,  ANABEL, ANABEL, sin hallar respuesta.

 Mientras Anabel estaba encerrada en la cámara frigorífica, de pronto noto un olor nauseabundo y busco su procedencia, se acerco a las cajas de alimento reseco cuando vio que en las cajas habían trozos de carne completamente podrida, el olor se hizo más denso mientras cientos de gusanos se revolcaban entre la podredumbre, de pronto escucho una voz allí dentro,” dejadme salir, dejadme salir, me portare bien”, aquella voz se repetía una y otra vez cosa que asustaba mas a Anabel, ya sea por el miedo ella corrió hacia la puerta y golpeo con más fuerza mientras chillaba como una loca, estaba a punto de desesperarse hasta que de pronto se abrió la puerta y viendo a Antonio se abrazo a él.

---Que te ha pasado.

---Lo siento me he quedado encerrada y cuando escuche la voz me entro miedo.

--- ¿A qué voz te refieres?

---No lo sé, era como de una joven, como si la hubieran encerrado aquí, era como…

---Como que.

---Como si hubiera muerto aquí mismo.

---No digas tonterías, esto era un hospital, no creo que aquí se dedicaran a matar gente.

---Pero yo escuche la voz y además está la carne llena de gusanos.

Antonio se acerco hacia donde ella señalaba encontrando unas cajas de comida reseca por el tiempo.

---Mira Adela, aquí no hay nada, míralo tu misma.

---No, no, no, yo no entro.

Antonio se percato en su cara, estaba realmente asustada como si en aquel lugar ciertamente hubiera pasado algo, algo que él no quería comprender.

---Pues venga vamos a buscar a Luis.

Luis dio la vuelta al edificio hasta que encontró una especie de garaje, en el solo había un Seat mil quinientos convertido en una vieja ambulancia, la suciedad daba al garaje un aspecto siniestro como a todo el hospital, aparco el coche al lado de la vieja ambulancia y busco por el garaje por si hubiera algo de utilidad, pero no encontró nada, atravesó la puerta que daba acceso al hospital y recorrió un largo pasillo, cuando estaba a la mitad escucho voces, voces que le parecía que salían de las paredes, voces de decenas de personas aterradas,” no quiero morir, no me mates, quiero salir, no quiero morir, quiero salir”, esas voces le asustaron y comenzó a correr por el largo pasillo y no paró hasta llegar al vestíbulo donde estaban Antonio y Anabel.

---Que te pasa, porque corres.

---Voces, escucho voces y no veo a nadie, vámonos de aquí este sitio me asusta.

---Vaya, no me digas que creéis en fantasmas.

---Pero las he oído, eran voces de muertos.

---Yo también las escuche.

Dijo Anabel.

---Bueno, vale ya, los fantasmas no existen, los muertos no hablan, será vuestra imaginación, pensad en lo que haremos con el dinero, si no me equivoco podremos montar nuestros negocios soñados, las noches gallegas serán nuestras.

---Si, pero hay que estar vivos y no sé si saldremos de aquí.

---Por de pronto no podemos salir, la policía esta por la zona, habrá que esperar un par de días, no podemos arriesgarnos.

Antonio miro sus caras y la verdad es que estaban llenas de miedo, un miedo irracional, un miedo a lo desconocido.

Comieron algo y dejaron pasar la tarde, aunque Luis y Anabel estaban intranquilos Antonio intentaba distraerlos, pensaban que por fin podrían montar el bar de copas y la pequeña discoteca que tanto anhelaban, que solo sería cuestión de un par de días y que cuando la policía levantase el cerco serian libres para volver a sus casas, fue entonces cuando lentamente cayó la noche y buscaron unos viejos colchones para pasar la noche, la oscuridad dominaba aquel edificio, lo que hizo que las sombras de la noche asustaran aun mas a Luis y Anabel, Antonio solo se limito a dormir riéndose de su par de acompañantes.

Algo despertó a Antonio, miro a su lado y vio como dormían, solo él se había despertado, intento acostumbrar sus ojos a la oscuridad cuando la vio, era una joven enfermera, lentamente levanto la mano señalando la escalera y comenzó a subir por ella, Antonio se levanto y siguió a aquel ser, siguieron por el pasillo de la primera planta hasta llegar al despacho del director y entrando en el despacho, Antonio sin saber lo que estaba haciendo la siguió y entro en el despacho encontrándosela señalando el suelo, Antonio se froto los ojos por qué no se creía lo que estaba pasando y cuando los abrió de nuevo se encontraba solo en aquel despacho, la joven enfermera había desaparecido, busco donde había señalado cuando debajo de unos papeles encontró un libro con las tapas azules, lo ojeo por encima y saliendo del despacho volvió a donde estaban durmiendo y se tumbo de nuevo en su viejo colchón volviéndose a dormir.

Luis despertó a su hermano, ya había amanecido y aunque estaba adormilado solo escuchaba a Luis como intentaba despertarlo.

---Vale, vale, que pasa Luis.

---Ven a ver esto, cuando desperté me acerque al coche a coger unas cosas y no creerás lo que está pasando.

---Bueno pues dímelo y no molestes mas.

---No te lo puedo decir, no te lo creerías.

Antonio se despertó por fin y se levanto para seguir a su hermano, anduvieron por el largo pasillo lleno de tuberías que daba acceso al garaje hasta llegar a la puerta de dos hojas que daba acceso al garaje, abrieron las puertas y entraron en el sucio garaje viendo lo que de verdad había asustado a Luis, Antonio miraba el coche en el que habían venido, la suciedad había dominado el coche principalmente las lunas del mismo, el oxido imperaba por las partes débiles del coche como si tuviera años, era como si el mal que achacaba a la vieja ambulancia que estaba al lado hubiera pasado al vehículo con el que habían llegado convirtiendo un coche de semanas en una chatarra con más de veinte años, Antonio abrió la portezuela y una bocanada de un olor rancio y desagradable le molesto, la llave estaba puesta se sentó y intento arrancarlo sin poder conseguirlo, Luis le enseño el motor levantando el capó del coche Antonio se asombro aun mas, la suciedad y el oxido estaban por todas las partes del motor sin entender como un coche de semanas ahora parecía que tuviera mil años.

---Luis, que está pasando.

---No lo sé, explícamelo tú, yo no encuentro explicación ninguna, es como si este hospital no quisiera que nos vayamos.

Con cara de incredulidad salieron del garaje y fueron por el largo pasillo hasta llegar a la recepción donde tenían sus cosas y aun estaba dormida Anabel, salieron al exterior viendo como los vehículos policiales seguían buscando metro a metro el bosque cercano.

---Que opinas Antonio.

---Que no podemos irnos de aquí, tenemos que seguir ocultos.

---Lo siento pero esto no me gusta nada, tengo miedo, lo que pasa aquí no es normal.

Antonio miro a su hermano y se acordó de lo pasado aquella noche.

---Vale volvamos dentro, ya veremos que hacemos.

Entraron de nuevo a la recepción viendo que Anabel ya estaba despierta y estaba ojeando el libro que había encontrado Antonio.

---Que es esto Antonio.

Antonio no contesto, mientras que un escalofrió le recorrió el cuerpo, cogió el libro de las manos de Anabel y lo volvió a mirar, no fue una pesadilla, ocurrió de verdad pues tenía el libro en sus manos, el libro que aquella enfermera le señalo para que lo encontrara.

Anabel comenzó a leer, al principio solo eran anotaciones de pacientes y sus diagnósticos y medicaciones, pero a partir del año 1965 la cosa cambio y las anotaciones fueron más personales.

14 de Marzo de 1965

La puta de mi mujer me ha abandonado, seguro que se ha fugado con algún hijo de puta, encima me ha dejado los niños para joderme, se que está en Francia, ojala se muera la muy puta.

18 de Marzo de 1965

He recibido carta de Paris, es de la puta de mi mujer, ni la he leído directamente la he roto y la eche a la papelera.

20 de abril de 1965

Los pacientes me agobian, solo son desgraciados sin recurso ni salvación, que ganas tengo de acabar con ellos.

15 de Mayo de 1965

He encontrado gente que está dispuesta a ayudarme, son gente violenta y sin escrúpulos, se que por el hecho de poder hacer todo el daño posible harán lo que quiera.

20 de mayo de 1965

Disfruto haciendo trepanaciones, el golpear con el pequeño martillo plateado y el pequeño cortafríos plateado y hacer un orificio en la cavidad craneal, disfruto cortando la suave protección del cerebro y  introducir mi escalpelo y hacer cortes, después de esto no molestan, son como vegetales y algún que otro no sale vivo, no tengo remordimientos, los quería muertos.

18 de Junio de 1965

Por fin me llego la máquina de electroshock, a cada descarga veo como los cuerpos se convulsionan, como todos los músculos se tensan, solo cuando veo sus ojos blancos se que están muertos.

21 de Agosto de 1965

Sé que mis ayudantes están haciendo bien su trabajo, el resto de personal se quejan ante mí de torturas y violaciones a los pacientes, alguno se atrevió a decir algo sobre desaparecidos o extrañas muertes en mis sesiones, estos desaparecen misteriosamente los primeros son despedidos.

29 de Agosto de 1965

Tenemos un problema, el patio ajardinado está lleno de nuestros cadáveres, tendremos que buscar otro sitio donde poder enterrar más cuerpos sin levantar sospechas.

1 de Septiembre de 1965

Felisa una enfermera sospecha de nosotros, creo que tiene alguna prueba que nos pueda inculpar, tendré que tomar cartas en el asunto y hacerla desaparecer.

5 de Septiembre de 1965

Felisa está muerta, cuando fue violada muerta y descuartizada sentí un placer desconocido para mi, fue un baño de sangre del que disfrute, la enterremos en el nuevo sitio, por lo menos no estará sola.

8 de Septiembre de 1965

La hermana de Felisa vino armando jaleo, dijo algo de unas cartas que recibió de su hermana y que lleva días sin aparecer, aunque duro poco presiento que todo va a acabar, pero nadie me quitara el placer sentido por las muertes ocasionadas por mí, es fantástico sentirse Dios y poder tener en mis manos el decidir quién vive y quien muere, el sentir como la vida de esos desgraciados estaba en mis manos que tenían el poder de arrebatárselas y acabar con sus triste existencia.

15 de Septiembre de 1965

Veo a la guardia civil por la ventana de mi despacho, veo como sacan a mis ayudantes a golpes, veo como uno de los policías sale corriendo del hospital y señala al patio, habrán descubierto los cadáveres enterrados, una enfermera señala mi ventana y varios policías salen corriendo hacia mi despacho, saco de mi cajón una pistola a la que quitare el seguro y cargare, se que van a por mi así que meto el cañón de la pistola en la boca pero antes de disparar una última anotación, no me arrepiento de ninguna muerte si no de no haber matado a mi mujer antes de que me abandonase.

Las anotaciones se acabaron, solo una mancha oscura denotaba donde había ido a parar parte de  la sangre dejando pegadas las ultimas hojas en blanco del libro de anotaciones, Anabel dejo de leer viendo la cara de asombrados de ambos hermanos, no podían creer que el director se volviera loco y matase a sus pacientes, el único pensamiento de Antonio fue que Felisa era la que le enseño la situación del libro.

---Joder este tío se volvió loco.

Comento Anabel.

---Lo que no entiendo es cómo le dejaron hacer lo que hizo.

---Imagínatelo, nadie lo sabía, era el director e imagina que nadie le discutiría.

---Joder donde nos hemos metido.

Dijo Luis.

Antonio salió al exterior, necesitaba estar solo, pensó en lo jodidos que estaban, el coche estaba inservible y no podían escapar de allí y mas con la policía buscándoles, tendría que elegir entre la cárcel o permanecer en aquel hospital unas noches más lo cual le hizo sentir un escalofrió por todo su cuerpo, no lo dudaba, tenía miedo.

El resto del día paso sin pena ni gloria, apenas hablaron, solo Anabel veía el libro y se acordaba de las manchas oscuras de sangre, la sangre de aquel director que se volvió loco y que a pesar de los años aun seguía en el libro, aquella sangre de muerte y desolación, aquella sangre que le hacía imaginar cómo se mato, como metió el cañón de la pistola en su boca y de cómo apretando el gatillo se escucharía la fuerte detonación del disparo y de cómo parte de su cráneo saltaba por los aires mezclado con sangre y retos de aquel cerebro, como caía sobre la mesa y de cómo la sangre se esparcía por la mesa y por las páginas del libro abierto, imagen que nunca olvidaría, que estaría grabada en su mente para siempre.

La noche llego y todo se lleno de oscuridad, ni siquiera la luna salió para iluminar la noche, estaban comiendo unos bocadillos en completo silencio, solo una sensación de miedo les dominaba aunque intentasen disimularla, solo Antonio rompió el silencio.

---Mañana nos marchamos, prefiero jugármela con la policía.

---Podemos marcharnos ahora mismo.

Comento Luis.

---No, sería demasiado arriesgado, es noche cerrada y el pueblo está bastante lejos y  vigilado, habría que coger otro camino entre el bosque y con esta oscuridad nos podemos matar.

---Y quien nos dice que no moriremos aquí, aquí hay algo y es peligroso.

Comento Anabel.

---HE DICHO QUE MAÑANA, comprendedlo, solo hay que aguantar una noche, mañana estaremos lejos de aquí.

Se miraron entre ellos y se resignaron a pasar la noche allí, se acostaron en los colchones y aunque les costó les venció el sueño, un sueño cargado de pesadillas.

Luis estaba profundamente dormido cuando en su cabeza comenzó a sonar una voz.

---Ven, necesitas tratamiento, estás enfermo, tu mente está enferma.

Luis se despertó y en silencio se levanto, en plena oscuridad se dirigió hacia la escalera mientras unas luces con forma humana intentaban interponerse en su camino.

---No vayas, morirás, no vayas él te matara.

Pero Luis parecía no escuchar, ni siquiera se asustaba ante tales apariciones, mientras proseguía su camino y comenzó a subir la escalera hasta la primera planta, cruzo el largo pasillo hasta llegar ante la puerta metálica que no pudieron abrir antes y se planto delante de la puerta sonando un fuerte chasquido, CLIK, la puerta se abrió lentamente dando paso a Luis que entro en la sala, en ella estaba el director con su elegante traje de pie al lado de una maquina, Luis parecía no percatarse de la sangre seca que tenía en la cara ni de la mandíbula destrozada por el disparo.

---Por favor, entre y siéntese en la camilla.

Luis se acerco a la camilla y se sentó en ella, de pronto unas manos invisibles le tumbaron y le colocaron unos electrodos en forma de ventosa que repartieron por el cuerpo de Luis.

---No se preocupe, no le hará daño, sentirá unas ligeras descargas.

Luis seguía tumbado sin fijarse como el director se giro hacia los pulsadores que accionaban la máquina de electroshock ni fijarse en el boquete que tenía en la parte trasera de su cráneo, lentamente levanto su huesuda mano hacia los pulsadores y los acción dando paso a miles de voltios que entraron en el cuerpo de Luis tensando con un gran dolor todos sus músculos, al cabo de un par de minutos paro, el cuerpo de Luis estaba dolorido, tenía la boca seca solo sus lagrimas humedecían parte de su cara cuando una segunda descarga le recorrió de nuevo su cuerpo, sus músculos se volvieron a tensar con un dolor insoportable mientras oía las carcajadas del sádico director, la corriente volvió a parar dando unos segundos de tregua antes de comenzar la tercera descarga que además del dolor llenaba el cuerpo de Luis de dolorosas ampollas que reventaban a los segundos, la corriente seguía recorriendo su cuerpo esta vez sin parar notando como su piel comenzaba a quemarse produciendo un olor desagradable a carne quemada, sus ojos reventaron mientras notaba como su sangre hervía dentro de su cuerpo, Luis grito con todas sus fuerzas antes que la corriente destrozase sus órganos internos y destrozase su corazón haciendo que muriese en una larga agonía, aquel cuerpo ya no se parecía a Luis, estaba completamente quemado cuando una huesuda mano acariciaba la negra cara mientras sonreía con el aspecto siniestro de un muerto, un muerto que estaba atrapado en aquel hospital del que fue y siguió siendo el director y que solo dijo unas palabras al oído del cadáver.

---Ya no estás enfermo, yo te he sanado.

Anabel despertó con los gritos de Luis, asustada intento despertar a Antonio sin conseguir resultado alguno, lo empujo con fuerza sin lograr despertarlo, era como si estuviera en trance como si su alma estuviera lejos muy lejos de su cuerpo; al ver que no despertaba se levanto y se dirigió hacia las escaleras subiéndolas rápidamente, cuzo el largo pasillo hasta llegar a la puerta abierta viendo como moría Luis dejando de gritar, vio como se acercaba aquel ser trajeado acercándose al oído del cadáver como si le hablara dándose cuenta de que la estaba mirando a ella, asustada salió corriendo por el pasillo cuando tropezó con algo y cayó al suelo, al intentar levantarse los vio, eran decenas de espíritus que vagaban por el hospital con sus camisones de enfermos, todos la miraban y le hablaban.

---No podéis escapar, vais a morir, no podéis escapar, vais a morir.

Anabel se levanto del suelo asustada, no quería creer lo que estaba viendo y escuchando, miraba a su alrededor sin dar crédito a lo que estaba sucediendo hasta que noto como unos fuertes brazos la cogían, intento mirar a sus captores y lo que vio le lleno de autentico terror, eran altos y tenían la piel reseca pegada a los huesos, sus trajes de enfermeros le llevo a la conclusión de que eran los ayudantes del director, la llevaron a rastras por lo largo del pasillo hasta las habitaciones especiales, aquellas que estaban equipadas con fuertes correas, empujaron a Anabel contra la pared y le pusieron las correas en sus muñecas y las apretaron fuertemente sin oportunidad de poder soltarse, aquellos seres se reían con una risa lúgubre de ultratumba y uno de ellos poniéndose de frente a ella acerco su huesuda mano y le arranco con violencia toda la ropa mientras que Anabel chillaba de dolor y de autentico terror.

Antonio seguía sin despertarse ajeno a lo que estaba aconteciendo, solo una voz sonaba en su cabeza.

---Despierta, tienes que huir, tienes que escapar de aquí.

Antonio se despertó sobresaltado viendo al espíritu de la enfermera delante de él señalando la entrada.

---Tienes que huir, vete, aun estas a tiempo.

Antonio busco con la mirada a su hermano y a Anabel viendo sus colchones vacios.

---Donde están, que está pasando.

---Ya no puedes hacer nada por ellos, están en su poder.

---En el poder de quien, dímelo.

---El director nunca se fue, sigue estando aquí.

Antonio asustado se levanto tan deprisa que atravesó aquel espíritu y corrió hacia las escaleras, mientras subía por ellas escucho los gritos que profería Anabel, corrió tan deprisa que tropezó con el ultimo escalón cayendo al suelo, al levantarse vio en el largo pasillo a decenas de seres que pululaban por el hospital, iban vestidos con batas de enfermos y su aspecto era terrorífico, algunos tenían las caras llenas de sangre, otros estaban quemados y la mayoría presentaban signos de una violencia extrema, iban y venían con raros movimientos y extrañas conversaciones, uno de aquellos espíritus se acerco a él y con su extraña conversación le pregunto.

---Has visto a mi niña, estaba aquí y ahora no la veo.

Antonio asustado hizo un esfuerzo por levantarse apartándose de aquel ser como si fuera un apestado, camino por el pasillo intentando esquivar a aquellos seres que vagaban sin rumbo cuando llego a la habitación cerrada con llave y que ahora estaba abierta, se acerco despacio a la puerta abierta mientras una sensación de miedo le recorría el cuerpo pero haciendo acopio de valor entro en la sala, vio un cadáver carbonizado encima de la camilla con los electrodos puestos por el cuerpo, se acerco a la camilla y miro los cables viendo que estaban completamente inutilizados, solo se pregunto cómo era posible si en aquel hospital no había corriente eléctrica, se acerco al cadáver cuando de pronto se levanto y bajo un fétido aliento a muerte hablo.

---Antonio vete de aquí, huye lo más lejos posible o morirás.

Reconoció la voz de Luis, se dio cuenta de que era su hermano el que descansaba en aquella camilla cuando de pronto igual que se levanto se dejo caer en la camilla produciendo un ruido asqueroso, Antonio lo miraba asustado y con su cuerpo lleno de terror salió de la estancia provocando su salida el cierre de la misma con un sonoro portazo y el ruido del cierre de la cerradura, de su boca solo salía un nombre.

---Luis, Luis Luis…

Antonio estaba de pie frente a la puerta cerrada, la miraba fijamente sin decir palabra alguna solo miraba aquella puerta cuando un grito de terror le saco de aquel oscuro pensamiento.

---Anabel, ¿Dónde estás Anabel?

Salió corriendo hacia donde creía que sonó aquel grito acercándose a las habitaciones acolchadas que horas antes le había extrañado su equipación, se paro en la puerta de una de ellas y vio a Anabel como estaba atada con correas a la pared, junto a ella estaban dos figuras traslucidas con vestimentas de enfermeros que sin motivo aparente le arrancaron la ropa a Anabel la cual no paraba de chillar, intento acercarse para salvarla cuando algo le detuvo, era un tercer enfermero que lo había cogido por la espalda, su aspecto era de muerte, tenía la piel pegada a los huesos, las cuencas de los ojos hundidas y una sonrisa esquelética que con un frio y maloliente aliento terminó por romper el poco valor que le quedaba a Antonio que desistió de todo esfuerzo y se limito a ver como la tortura comenzaba; un látigo invisible manejado por uno de los enfermeros hacían aparecer como por arte de magia cortes en la piel de Anabel, una y otra vez aprecia un corte nuevo y a cada latigazo aquel grito de Anabel que le llegaba a Antonio hasta el fondo de su alma, veinte, veintiuno,  Antonio contaba los latigazos cuando igual que comenzó pararon de sonar, vio como el otro enfermero se puso delante del cuerpo desnudo de Anabel cuando de pronto introdujo sus manos en el cuerpo de ella y con un movimiento rasgo el abdomen de ella dejando salir sus vísceras cayendo al suelo, Anabel las vio y vio como su sangre caía sobre ellas solo un último grito dio paso a su muerte quedando inerte solo sujetada por las correas.

Antonio noto un cambio dentro de su mente, la cordura que le quedaba desapareció quedando el de pie parado en aquel sitio sin moverse, en aquel momento no vio un hospital sucio y abandonado solo vio un hospital limpio impoluto con gente por los pasillos, médicos, enfermeras, pacientes y familiares andaban por aquel hospital, Antonio se miro y vio que iba vestido con una bata de hospital y unas zapatillas de felpa y supuso que era un enfermo mas vagando por el largo pasillo de la planta del hospital, de pronto vio acercarse al director del hospital, estaba como antes sin la cara llena de sangre seca ni la piel pegada a los huesos, ni siquiera tenía el boquete detrás de la cabeza por donde salió la bala, estaba sonriendo mientras se acercaba a él.

---Bien Antonio, veo que estás preparado.

--- ¿Que me está pasando?

---Nada grave Antonio, solo que tu mente no funciona como debe, pero tranquilo, yo lo solucionare, sígame por favor.

Antonio le siguió por entre el personal del hospital hasta llegar a la zona de quirófanos entrando en uno de ellos detrás del director.

---Por favor, siéntese y relájese, no sentirá nada.

Antonio obedeció y se sentó donde le señalo el director, acto seguido le puso una sucia tela verde en el cuello apareciendo alrededor de su cabeza una serie de artilugios cuya finalidad era que no pudiese mover la cabeza.

---Bueno Antonio, ¿preparado? acabaremos enseguida.

Aquellas huesudas manos cogieron un bisturí de la bandeja y lo acerco a la cabeza de Antonio, lentamente comenzó a cortar parte del cuero cabelludo en forma de cuadrado y lo fue apartando y depositándolo en la bandeja mientras comenzaba a salir un pequeño reguero de sangre, acto seguido cogió el pequeño martillo y el cincel plateado dando unos golpes en el cráneo hasta cortar un fragmento de hueso el que también aparto dejando ver parte de aquel cerebro palpitante, con el bisturí corto la suave tela que protegía el cerebro y comenzó a hurgar con el bisturí sobre el mismo mientras comenzaba a reírse, Antonio no noto nada ni siquiera cuando perdió la mayor parte de funciones de su cerebro, ni siquiera se dio cuenta de que todo había acabado para él.

Ya había amanecido, un todo terreno de la guardia civil circulaba por la carretera del hospital abandonado cuando se percataron de que una persona se dirigía hacia ellos, era Antonio que estaba andando sin rumbo cuando el coche paro a su lado.

--- ¡HE USTED QUE HACE POR AQUÍ! ¡A DONDE VA!

Antonio seguía andando como si no pudiera escuchar, como si no supiera lo que estaba pasando, uno de los policías se acerco a él para detenerlo cuando se percato de la sangre seca de su cuello y del boquete que tenía en su cráneo dejando ver parte de su cerebro.

--- ¡Por dios!, ven y  mira esto no sé ni cómo sigue vivo.

El otro policía se acerco y vio lo que su compañero le indicaba e inmediatamente dio parte por radio de lo sucedido, detuvieron a Antonio y lo subieron al vehículo para trasladarlo a un hospital ante la gravedad de la herida y rápidamente se alejo de allí.

El hospital volvía a estar vacio, por los sucios pasillos y habitaciones no había nadie, en el exterior el silencio era total, solo una figura se veía asomada por una ventana, la del despacho del director, estaba de pie mirando al exterior como si vigilase el camino en espera de la llegada de nuevos pacientes.

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar