Me he propuesto poetizar
suspendido del dolor;
Mi única realidad de todos los días….
El dolor.
Creedme que el alba, sorbida desde allí
no pasa de un tragaluz insidioso.
Que la vida, bajo la égida del dolor
es un móvil insensato
fácil presa de la angustia.
Es posible reconocer lo pueril
a expensas del dolor.
Incluso retorcerle el pescuezo y
descuajar del trovero
la cursilería esencial
de su verso infantil.
Sabed que el dolor es, en rigor,
un litigio ingrávido, pertinaz
y autosustentabe, que tritura al bardo
y a sus adaláteres de cera.
con un simple movimiento de alfil.
También que los siete erizos verdes
del miedo devorarían ansiosos
a la noche
en celebración de su furor…
Su enojo ciego...
El espejo de la duermevela
interroga:
¿Y qué de los símbolos amatorios?...
Artilugios de papel rosado.
Tetas, culos y falos envelados.
El deseo vergonzante, cautivo y oculto.
¿Y la luna, luna lunera?
ïcono “todo uso” de los poetas:
Pálida como un espectro… dicen unos,
Glacial delatora, anotan otros
Y alguien más, fisgona entrañable…
Falacias.
Desde el rincón del dolor
representa penosamente.
un cono de luz Infinitesimal,
reflejo del pegajoso y frío sudor
del terror.
El amor sucumbe al dolor. No hay
lugar para la esperanza.
¿El dolor será la muerte? No creo
que siempre o en todos los casos;
pero viste sus harapos,
escupe culebras,
Afila los dientes del puma
y estalla en una aventura atroz
del cerebro.
Mi dolor no es materia que interese
a nadie.
Ya no pertenezco al torbellino vital
que a diario chapotea en el asfalto.
Un bichicome me saca la lengua
y me muestra el dedo...
Tal parece que aún palpito.
LUIS ALBERTO GONTADE ORSINI
Derechos reservados
Montevideo, octubre de 2010


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